Mi pequeña coterapeuta “Asia”

20140327_090844-1Y entonces… Llegó ella, mi pequeña Asia, mi amiga y co-terapeuta…

No pensé que después de haber tenido unos primeros años de vida tan duros, ahora sería capaz de ayudar a tantas personas… Ni siquiera que el hecho de estar en terapia conmigo pudiera generar vínculos tan bonitos, hasta el punto de convertirse en mi co-terapeuta.

¿Su historia? Asia apareció vagando por un campo de Murcia, muy delgada y llena de garrapatas, se mostraba temerosa con todo. La chica que la encontró la llevó a un albergue ya que en su casa no se adaptaba (temblaba, se mostraba temerosa, no comía…). En el albergue su situación no mejoró, con dificultades para relacionarse con los demás perretes, se pegaba siempre al responsable, esperando ser salvada, esperando que no la pasara lo mismo.

Como su adaptación en el albergue no era la esperada, se tuvo que ir a una casa de acogida, una casa situada en pleno centro de ciudad, aspecto que perjudicó su recuperación ya que Asia tenía pánico de todo (ruidos, personas, movimiento…). Tampoco se adaptó en esa casa, por lo que muy a su pesar, tuvo que irse a otra, esta vez a una zona más tranquila con una persona (su mami de acogida) que respetaba sus espacios y sus tiempos… Poco a poco comenzó a evolucionar y disfrutar de sus paseos por el monte (la ciudad seguía dándola mucho miedo), sentía curiosidad por las cosas aunque éstas le daban temor. Comenzó a comer… Recuperó su peso y su salud y entonces llegué yo a su vida (o ella a la mía). Fue un auténtico flechazo, esa mirada que tantos mencionáis como pura, me dejó enamorada, esos ojos que me suplicaban amor y respeto… No podía dejarlo pasar, Asia había encontrado una familia definitiva, ella me había escogido.

Llevamos 6 meses con Asia en casa y aún recuerdo con dolor las primeras semanas. Tenía miedo de todo, se escondía y temblaba en una esquina del salón, no comía ni hacía sus necesidades en la calle (tampoco en casa), no quería salir, cuando nos acercábamos a ella y levantábamos la mano para acariciarla se agazapaba como si fuéramos a pegarla… (no quiero ni pensar qué le pudieron hacer durante su primer año de vida) Pero tras las pautas de su terapeuta (Asia tiene su propia “psicóloga”) y mucho esfuerzo y constancia, comenzó a comer de mi mano, comenzó a confiar en mí cuando la invitaba a salir a la calle, comenzó a hacer sus habilidades (como el famoso “saluda” que tanto gusta a los pacientes)… En definitiva, ASIA COMENZÓ A VIVIR. Pensé que le podría venir bien relacionarse indirectamente con personas en un espacio controlado como mi centro, por lo que con permiso de los pacientes, comencé a llevarla a la consulta, desde ahí todo ha cambiado tanto para los pacientes, como para Asia y para mí:CanicaturaAsia

Asia tiene una sensibilidad especial y en ocasiones hace “cosas mágicas” en la sesión, como acercarse a la persona que llora y pedirla mimos con su nariz… Sería imposible poner en palabras el clima que se crea… Yo “no puedo” abrazar a un paciente cuando llora, pero Asia sí que puede hacerlo por mí… Y eso hace, mi niña, mi dulce y pequeña amiga.

Aprovecho a dar las gracias a todos los pacientes que habéis ido poniendo vuestro granito en su recuperación, así como por mostrar tanto interés en ella… Entre todos nos ayudamos!