TÚ…

Con esa mirada que nos unió sin esperarlo, sin estar preparados ninguno. Algo se movió en nosotros, ambos lo notamos; sin embargo, no éramos conscientes de la magnitud de ese sentimiento, al menos no entonces.

Y a pesar de esos meses de resistencia, al final pasó lo inevitable, el primer paso del principio, el primer paso de nuestra historia.

Franqueé la barrera y pude experimentarlo, esa sensación de no existir absolutamente nada más allá de ti y de mí, de nuestros cuerpos abrazados, nuestro contacto, al fin… No puedo recordar cuánto tiempo duró, sólo viene a mi mente el recuerdo de transportarme, a medida que me acercaba a besarte, a un espacio sin el ruido de los coches ni el murmullo de las voces de nuestro entorno. Era el principio de un nuevo mundo, el tuyo y el mío.

Tú…

Me cogiste al separarme, me miraste a los ojos y volviste a transportarme, a transportarnos, a ese nuevo mundo. También lo habías sentido, también acababas de descubrirnos, también necesitabas repetirlo.

“Habéis tenido suerte” nos dicen los demás, pero ambos sabemos que no se trata de suerte, sino de amor, constancia, decisión y acción.  No ha sido fácil, como en toda relación, hemos vivido situaciones críticas, individuales y en pareja, que nos pusieron (nos ponen) en la tesitura de abandonar o continuar, a pesar de las dudas, a pesar del dolor, a pesar de la incertidumbre.
“O te fortaleces o te debilitas”, nos decíamos el uno al otro. Y aquí seguimos, más fuertes, más unidos, más conscientes de nosotros y de la fuerza de todo aquello que experimentamos con esa primera mirada.

Tú…

Con esa manera de mirarme que me enamoró completamente.  Había tanto reflejado en tu mirada, hay tantas palabras en tus ojos, esos que tanto me gustan y que tanto me atrapan cuando se cruzan con los míos.

Fue todo lo que callabas en tu mirada lo que llamó mi atención y me atrapó en el deseo de descubrirte. Después fueron tus palabras, tus emociones, tus pensamientos y tus acciones las que me dejaron con necesidad de más, hasta aquel día en que de manera irreversible, te besé, nos besamos, me besaste.

Tú…

Con esa capacidad casi exclusiva de hacerme reír a carcajada limpia, de mirarme y traspasar cualquier tipo de barrera descifrando mi complicada mente. Cuántas veces me has cogido el rostro con dulzura en momentos que ni yo misma he sido capaz de comprenderme… Cuántas veces me has escuchado aún sin saber qué decirme, pendiente de cada palabra, de cada gesto, para captar así el más mínimo detalle que te pudiera indicar cómo acercarte más a mí, cómo acercarnos más el uno al otro.

Con tu manera de salir al mundo, de enfrentar los obstáculos, de reconocerte sin herramientas para gestionar una situación, abriéndote a nuestro mundo para buscarlas en él.

Tú y yo…

Con todas esas risas nacidas de la más trivial de las situaciones, porque da igual el momento, hemos aprendido a conectar y pasar de manera más liviana por los obstáculos de la vida.

Cogiéndonos de la mano si es necesario, dándonos apoyo cuando lo necesitamos.

Tú y yo…

Que sin esperarlo, hemos construido la más bonita de nuestras historias, que seguimos construyendo y avanzando, superando obstáculos y trayendo nuevos proyectos a este maravilloso mundo que comenzó a existir hace ya más de 12 años.

Tú y yo… y todo lo que tenemos en camino

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