Para todas aquellas mujeres que también han sufrido un aborto

14713600_10154262293319748_5840104662279908218_nSólo si has pasado por un aborto, realmente entenderás el dolor del que hoy te voy a hablar.

Espero que si acabas de sufrir uno, estas palabras puedan calmarte, que puedas encontrar consuelo en ellas tal y como yo he podido encontrar consuelo en las palabras de aquellas mujeres que han tenido uno o más abortos y lo han compartido conmigo cuando se han enterado del mío.

Es algo de lo que no se habla, es un tema tabú, al menos hasta que lo vives en tus propias carnes, momento en que más de una amiga-compañera-conocida… te contará que ella también ha vivido un aborto y te hablará del desgarro que sintió en el alma… y lloraréis juntas y aunque te dolerá, también te aliviará.

Si me estás leyendo y lo has vivido, sabrás de lo que hablo… Llegas un día a la consulta del médico, ilusionada (o ilusionadísima, como era mi caso) porque vas a escuchar el corazón de tu pequeñín, estás con síntomas de embarazo y todo marcha bien, sientes miedo porque has oído hablar de abortos en otras mujeres, pero eso “es algo que no te va a pasar” porque todo, aparentemente todo, va bien. Además, te ha costado tanto conseguirlo que el Universo “no va a joderte” con esto… Y entonces, tras sentarte en la silla-camilla para la ecografía, con toda la ilusión porque YA HA LLEGADO ESE MOMENTO que te han dicho que recordarás toda la vida, ese momento donde vas a sentir esa vida dentro de ti (aunque en tu cabecita ya lo has vivido una y otra vez), entonces, el médico te dice que lo siente mucho pero no marcha bien… En nuestro caso, todo tenía pinta de ser un aborto diferido, pero debíamos esperar una semana de rigor para ver si realmente nuestro renacuajo estaba allí o no.  Dios mío… qué sensación de shock, qué dolor… pero a la vez qué esperanza, pues te agarras a esa semana en que puede ser que simplemente haya sido una pesadilla, y aunque te estás preparando para lo peor, en realidad te estás agarrando a esa pequeñísima posibilidad porque es algo que te mereces, algo por lo que has luchado con todas tus fuerzas y no tiene por qué pasarte… Esa mezcla de shock y esperanza te impide situarte en la realidad, te impiden ver lo que tal vez venga por delante, te impide sacar tus herramientas y tus fuerzas para afrontar lo que ahora viene… Y pasada esa semana, con un nudo en la garganta, te vuelves a sentar en la silla hasta que esa pesadilla se hace realidad, tienen que practicarte un legrado (a no ser que escojas otra opción de aborto).

Si es la primera vez, estás tan en shock que ni siquiera sabes qué es mejor, te hablan de distintos procedimientos para “terminar con tu sueño”, para sacar ese embrioncito de ti y tú sólo deseas que sea una puta pesadilla de la que puedas despertar…

Nosotros elegimos el legrado porque en ese momento únicamente queríamos zanjar todo esto y tenemos la suerte de contar con una gran persona en el hospital que nos iba a acompañar en todo el proceso… (Gracias E.) Pero no estás hecha para lo que te viene, menos con el shock encima. Resulta que el legrado no consiste en pasar por quirófano y chinpún, consiste en colocar dos pastillas vaginales que te provocan la dilatación y contracciones uterinas para expulsar “lo que hay dentro” te dicen los médicos, cuando tu corazón te dice que en realidad es “expulsar tu pequeño embrión”, así durante unas 6 horas en una cama, mientras notas cómo se va yendo de ti ese amor, esa ilusión, ese sueño… a cada segundo y cada minuto, con cada contracción…

Sí… si lo has vivido sabrás lo doloroso que es, ya no sólo físicamente, sino a nivel emocional, pues es similar a “parir” pero sabiendo que el resultado final es un vacío que te desgarra el alma.  En mi caso, esos dolores físicos no me importaban, tener a mi marido tumbado a mi lado y a mis padres me tranquilizaban… pero el dolor emocional que sientes es otra historia.

Cuando al final pasa toda esa mierda, llegas a tu casa agotada y VACÍA, vacía de toda esa vida que durante los meses que haya sido, ha estado en ti.  Una vida, que aunque fuera un embrión o un feto, has sentido, has establecido un vínculo, le has hablado, cantado, has vivido en ti lo que sería acunarle, olerle la cabecita, tocarle por primera vez, ver cómo su papá le cogería en brazos y tu disfrutarías de esa escena, has mirado carritos, ropa o has entrado en la que sería su habitación y has imaginado cómo sería y la de vida que “en unos meses” tendrías allí… incluso aunque decías que “aún no querías ponerle el nombre”, en tu cabecita ya sabías desde hacía tiempo cómo se iba a llamar ese pequeño si fuera niño o esa pequeña, si fuera niña. Pero entonces estás ya en tu casa y todo ha cambiado, absolutamente todo, pero no, aún no te lo crees, no puede ser… ¿por qué a mí?

Y sí… en ese momento puede que aunque te sientas triste, aún no seas consciente de todo el dolor que conlleva y entonces, tiras pa´lante, porque si de esto no se habla y todo el mundo sigue, debe ser que se hace así, y entonces continúas con tu vida como si nada hubiera pasado.  Pero te sientes muy diferente, te sientes rota… y sin saber por qué, te encierras un poquito más… porque los demás te dicen lo que se suele decir en estos casos (hacen como tú, lo que se supone que se debe hacer): “no te preocupes”, “eres muy joven”, “lo conseguirás”, “la naturaleza es sabia”, “no le des más vueltas”, “todavía sigues así?”, y te empiezas a sentir sola con ese dolor y empiezas a “no entender” lo que te está ocurriendo porque es entonces, cuando empiezas a ser consciente de lo que tenías y ya no tienes, de las ilusiones perdidas, de ese pequeño que aunque “no fuera nada” (como te dicen) para ti lo era absolutamente todo, y YA NO ESTÁ, esa criaturita a la que hablabas SE HA IDO y es ese momento en que el dolor te invade como una ola y te inundas, te comienza a desgarrar y sientes que tu corazón está completamente hecho añicos.  Te encerrarás en ti, lo sé (yo tb lo he hecho), no sabrás para dónde tirar, no encontrarás el sentido en las cosas que antes lo tenían y llorarás… Es un dolor tan tan fuerte, que necesitarás sacarlo… No te contengas, por favor no lo hagas, ya estás sufriendo mucho como para contener algo que debe salir, un dolor que no puede quedarse dentro…

Es normal que te alejes del “mundo”, que te encierres, date un tiempo… Pero también permítete hablar del dolor que sientes (cuando estés preparada), permítete decir a esas personas que con todo su amor te dicen “lo conseguirás” que esas palabras te hacen daño, pues ahora lo que tienes por delante es un duelo.  Habrá personas que se enfaden y se alejen de ti, pero habrá otras que harán el esfuerzo de entenderte y seguirán a tu lado, tirando de ti en ese momento tan complicado… Incluso te sorprenderás porque aparecerán nuevas personas que te cogerán de la mano o te darán un abrazo que te calmará… Y así poco a poco, despacito, irán pasando los días… y comenzarás a ver que incluso el dolor del corazón se calma y va curando, aunque no olvides, aunque se te escapen las lágrimas cuando lo recuerdes o cuando hables de ello.  Pero es normal, para ti, aunque fuera un embrioncito, era tu hijo/a y en tu corazón y en tu cabeza ya eran todo.

¿Estás pasando por un aborto? sé lo complicado que es, pero intenta esto…

  • Negación: no te lo creerás, te culparás, te harás miles de preguntas sobre lo que has podido hacer o no, que haya podido provocar la situación, si estás en repdroducción asistida tu mente estará pensando en el próximo tratamiento y cuándo comenzarlo (pero date tu tiempo, no corras, no saltes la tristeza, no pases por alto el duelo).  No vayas a trabajar, cógete unos días para ti, para poder asimilar lo que acabas de vivir y lo que estás sufriendo…
  • Rabia: culparás y estarás enfadada con el Universo entero por lo que ha ocurrido.  Patalea, grita, insulta… no lo guardes en ti, no lo conviertas en fuego que te queme por dentro.
  • Dolor-tristeza: llega esa ola que te invade… te aislarás, escucharás las frases que te harán sentirte sola y te encerrarás más… hasta que poco a poco vayas pudiendo hablar del dolor, de tu experiencia… Invita a tu pareja-familia-amigos a que te den un empujoncito si te encierras, a que te pregunten por tu dolor o a que te digan “cuando estés preparada para hablarlo, aquí estaré”. En serio, vas a necesitar calorcito, vas a necesitar hablar de ello… ¿cuando? sentirás que es el momento… Habrá quien no te entienda y se aleje, pero encontrarás personas que siguen estando a tu lado y otras nuevas que te dan un apoyo que ni te imaginabas.
    Apóyate en tu pareja, habladlo, aunque desde distintos enfoques, ambos habéis sufrido una pérdida, la misma pérdida…
  • Aceptación: no lo olvidarás, pero aprenderás a aceptarlo y a vivir con ello.  Se trata de una cicatriz de guerra, una lucha que está ahí, que seguramente te haya fortalecido.

Algo muy importante es que puedas despedir a ese pequeñín que había en ti.  Haz algo simbólico que te permita “decir adiós”… cuando estés preparada.  En mi caso, cuando me enteré que estaba embarazada comencé a pintar el cuadro del post, un niño jugando con la luna… Antes de terminarlo nos dieron la noticia del aborto diferido y aunque he tardado y ha habido muchas lágrimas por medio, el cuadro está terminado y colgado en casa… con un gran abrazo entre mi marido y yo…

De corazón, despídete y suelta todo ese dolor… aunque al principio no sepas ni cómo hacerlo, aunque te alejes porque el dolor te desborda… intenta hablar de ello, de lo que sientes, de tus ilusiones perdidas, del proceso, de lo que ha supuesto… Encontrarás personas maravillosas a tu lado que te sorprenderán.

Con el paso del tiempo, aunque tengas momentos tristes al acordarte de todo, tendrás momentos de tranquilidad… hasta que vuelvas a recuperar la ilusión y la esperanza para un nuevo comienzo.

Una buena amiga me comentó algo que le dijo su matrona de cara al siguiente embarazo tras un aborto: “habla a ese nuevo embrión explicándole que antes, allí había un hermanito o una hermanita que no llegó a nacer”…  Te aseguro que yo lo haré, te invito a que tú hagas lo mismo, las emociones en nuestro interior tienen vida

Un abrazo y mucha fuerza

2 comentarios sobre “Para todas aquellas mujeres que también han sufrido un aborto

  1. Lo más triste del mundo…un dolor desbastador…cuando tus iluciones se terminan..volver a casa así tal cual. Vacía. ..tu bebé ya no está preguntas una y otra vez porque Ami? Solo el tiempo podrá curar tus heridas..y entender que no era el momento de q tu chiquito naciera…tengo mi niño de 15 años que alivia mi dolor…pero extraño a mi bebé el tiempo pasó y mis ojos siguen con brillo de dolor”

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