Renunciar al ENTUSIASMO arruga el alma

entusiasmoEl entusiasmo nace de la capacidad de creer en nosotros mismos, de transformar y transformarnos. Es la energía que nos impulsa a actuar desde la confianza en nuestra fuerza, para poner en marcha todo aquello que para nosotros y los demás es importante. Sentirse entusiasmado, fuerte y con ganas de hacer cosas resulta gratificante y enriquecedor.

Sin embargo, pese a todas estas ventajas, no siempre prestamos a este impulso interior la atención que se merece.

Para aprovechar las posibilidades que nos brinda el entusiasmo es necesario despertar, pasar a la acción. Nos cuesta confiar en nuestro potencial porque no creemos en nosotros mismos, y es to, en lugar de conectarnos con el entusiasmo por la vida, nos conduce a la negatividad.

La palabra entusiasmo proviene del griego, significa “tener un Dios dentro de si”. No es difícil, a veces, confundirlo con otros estados de felicidad. El entusiasmo nace de dentro, se moviliza por la fuerza de creer en nosotros y la posibilidad de cambiar la realidad que nos rodea.

No se trata, por tanto, de esperar a tener un trabajo estupendo para entusiasmarse con él, el secreto está en sentir la alegría de implicarse en un trabajo y confiar en la capacidad o la intención de actuar.

El mayor enemigo del entusiasmo es la negatividad, la falta de confianza en uno mismo, en la capacidad de llevar las riendas de la propia vida, el miedo al propio éxito, a la decepción… Si nos entregamos anímicamente a este abatimiento y desconfiamos de nuestras posibilidades, difícilmente conectaremos con el entusiasmo y las ganas de sentir, de emocionarnos con cada momento de nuestra vida, por muy extraordinario o cotidiano que sea.

La positividad y el entusiasmo ayudan a pensar en soluciones y alternativas en lugar de poner el foco de atención en lo negativo y el problema.

El entusiasmo impulsa la acción: cuando una persona focaliza su atención en el problema, su mente actúa como una lupa agrandando la dimensión de éste, mientras que si la atención se centra en la búsqueda de soluciones, la mente se abre y se expande minimizando la extensión del  problema y permitiendo descubrir las puertas y caminos que llevan a la solución. Pero el entusiasmo no sólo tiene beneficios para quien lo siente, sino también para quien lo percibe: si es generado por un proyecto compartido, tiene la virtud de contagiar al grupo alcanzando a todo su círculo de relaciones.

Practiquemos el arte de entusiasmarnos

1. Intenta valorar lo que tienes: es la mejor manera de hacer especial lo nuestro.

2. Disfruta lo que haces: busca la parte que más te gusta de tus obligaciones y disfrútala al máximo, intentando compensarla con aquella que te guste menos.

3. Aprende a motivarte: busca la satisfacción personal en tus propios actos, marcando la independencia con las circunstancias externas.

4. Cambia tu actitud: introduce alguna novedad que te haga vivir el día a día con más ilusión.

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