Sube a la cima, no te quedes abajo

cimaEste cuento me gusta utilizarlo en las sesiones de terapia.

La mayor parte de personas centráis muchas de vuestras fuerzas en saber qué pensarán y qué dirán los demás sobre vosotros, tanto en términos positivos como negativos, convirtiendo esas palabras en lo esencial, en lo determinante de una decisión, un cambio, una posibilidad… Suprimiendo el verdadero valor y sobre todo, eliminando la mayor fuerza que podéis tener al cambio: VOSOTROS MISMOS, vuestros sueños, esperanzas, deseos…

Con el paso del tiempo y tras hacer caso a las palabras de los demás, éstas se terminan convirtiendo en vuestra propia voz interior, una voz que autocastiga y autolimita en aquellas ocasiones en las que os gustaría ser valientes… y sin saber cómo, empezáis a creer que esas palabras, son de verdad ciertas.

Hoy os propongo convertiros en la ranita protagonista, os invito a alcanzar la cima… Practicadlo un solo día, intentad incorporar esta enseñanza poco a poco… Porque la fuerza no está en las palabras de los demás, sino en lo que de verdad vosotros queráis conseguir.

LA CARRERA DE LAS RANAS

“Erase una vez una carrera de ranas. El objetivo era subir a lo alto de una torre.

Había en el lugar una multitud. Mucha gente para animarlos y gritar por ellos.

Comenzó la competición. Como la multitud no creía que pudieran alcanzar la cima de la torre lo más que se escuchaba era: “¡Qué pena, esas ranas no lo van a conseguir! No lo van a conseguir…”.

Las ranitas comenzaron a desistir.

Pero había una que persistía, y continuaba subiendo en busca de la cima.

La multitud continuaba gritando : “¡Qué pena…!” “No lo van a poder conseguir…”

Las ranitas se estaban dando por vencidas. Salvo aquella ranita que seguía y seguía tranquila, y ahora cada vez con más fuerza.

Llegaron al final de la competición. Todas las ranitas desistieron, menos esa ranita, que curiosamente, y en contra de todos, llegó a la cima con su esfuerzo.

Las otras ranas querían saber qué le había pasado. La multitud no lo entendía tampoco.

Una de las ranas se le acercó y le preguntó cómo había conseguido continuar la carrera con toda esa gente diciendo que era imposible… Y descubrieron que la ranita era sorda.”

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