No te acostumbres a vivir con el dolor

cuanto valesEn muchas ocasiones llegan a mi consulta personas que han tenido experiencias muy dolorosas, las cuales no han podido afrontar… El problema radica en que estas experiencias han estado tan presentes y en tantas ocasiones a lo largo de su vida que, no conocen ninguna otra situación como “normal” e introducen el dolor derivado de esas experiencias como algo intrínseco a su vida, algo que les ha tocado vivir… Y por tanto no queda más que aceptar todo lo que llegue de la mano del dolor.

…Es es esas situaciones cuando las personas pasan de vivir… a sobrevivir…

Para entender mejor este hecho, me gusta hacer una comparación con los problemas de espalda… Una persona que no tiene tendencia a ir a un fisioterapeuta, se acostumbra a vivir con el dolor de espalda… hasta que poco a poco va “amoldando” su cuerpo (por ejemplo, inclinando la espalda hacia un lado) para que el dolor no sea tan intenso y no esté tan presente en las posturas que tome… Esa persona, sin darse cuenta, está dejando que el dolor se instale (en esta ocasión) en su cuerpo, sin introducir en su vida la opción de eliminarlo y tener una libertad total de movimientos… Poco a poco, la situación se va complicando… pues ya no sólo la persona se ha acostumbrado a ese dolor y el cambio postural correspondiente para evitarlo, sino que vemos cómo esa nueva postura va a introducir cambios estructurales en el cuerpo (imaginemos una persona que para evitar el dolor en los músculos de la parte alta de la espalda, se acostumbra a caminar con algo de curvatura a modo de “chepa”, poco a poco, esta persona irá desarrollando una Cifosis…).

Con esto quiero transmitir que, aunque aparentemente el dolor se haya conseguido “controlar”, los cambios que se van a ir produciendo debido a ese autoengaño, van a traer unas consecuencias más perjudiciales para uno mismo (aunque a corto plazo produzcan esa sensación de control).  La persona va posponiendo su bienestar con frases del tipo:

  • “Seguro que el tiempo lo arregla todo”
  • “Se lo contaré a mi amigo X, sabrá darme una solución”
  • “Para qué voy a pedir ayuda, si lo que me pasa es una tontería”
  • “¿Contarle mis problemas a un extraño? Para qué…

Y entonces la persona comienza a sumar experiencias dolorosas, las cuales no trabaja y sin darse cuenta, se van acumulando… Provocando un malestar adherido a su vida, un malestar que llega un punto que no sabe identificar de dónde viene…  y el ovillo es tan grande, que no sabe ni por dónde comenzar a deshacerlo…

NO TENGAS MIEDO! No pienses que “lo que me ocurre es una tontería“, no pienses que “hay problemas peores que el mío“; si te encuentras mal, no necesitas nada más para pedir ayuda… lo que te ocurre a ti (sea lo que sea) es importante!

¡PEDIR AYUDA CUANDO LA NECESITAS ES UN DERECHO!

NO TE ACOSTUMBRES A VIVIR SUFRIENDO, CAMBIA TU REALIDAD!

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